El test de embarazo de la rana

Método curioso para detectar el embarazo

Nos acostumbramos muy rápidamente a los vertiginosos avances de las ciencias y las comodidades que estas aportan en nuestro día a día. Sin embargo, hasta no hace mucho tiempo, se usaba un método bastante peculiar para detectar el embarazo, como es el caso de el test de embarazo de la rana.

En efecto, así como nos hemos familiarizado con los alimentos procesados, la internet, los teléfonos  celulares o los ordenadores y no concebimos nuestra vida sin ellos, también nos sorprendería saber que unas décadas atrás los tests de embarazo se hacían… ¡con  una rana!

¿Te parece increíble? Pues así es. La importancia de la llegada de un nuevo integrante de la familia ha sido desde los comienzos de la historia del hombre un acontecimiento trascendental y desde siempre se ha buscado la manera de detectarlo tempranamente. Muchas veces la presencia de un hijo en camino ha determinado decisiones políticas o ha cambiado el curso de la historia en algún lugar del mundo. De todos los métodos caseros que existieron en la historia de la humanidad para resolver la duda de la existencia de un embarazo antes de la primera falta de menstruación o, aun con este indicio, corroborarlo, el que primero tuvo fundamento científico fue el de la rana (y/o el sapo).

En realidad, hace relativamente poco tiempo que se sabe la explicación de métodos biológicos de detección precoz del embarazo, los cuales permiten descubrirlo en sus primeros días. En 1930, un científico llamado Collip descubrió que, cuando una mujer queda embarazada, en su orina aparece una hormona sintetizada por el embrión, la gonadotrofina coriónica humana o HCG (sigla de su nombre inglés Human Chorionic Gonadotropin). Pero recién a partir de la década de 1960 comenzó el desarrollo de los métodos directos y rápidos que se usan hoy basados en reacciones producidas por la HCG. Antes de eso,  la prueba en las ranas proporcionaba la información tan esperada. ¿Cómo?

El test de embarazo de la rana consistía en inyectar bajo la piel de la rana (concretamente la rana de uñas, originaria del África subsahariana)  un poco de orina de la mujer y se esperaba 24 horas para ver el resultado.  Si en la orina de la mujer había HCG suficiente, esto provocaba la ovulación del anfibio y en consecuencia comenzaba a desovar. Si esto no sucedía resultaba que la mujer no estaba embarazada.

Asimismo era posible reutilizar varias veces a las ranas para determinar el embarazo, aunque había que esperar 40 días para volver a hacerlo. A pesar de que esta prueba resulte desconocida para la mayoría en la actualidad, fue muy utilizada durante aproximadamente 40 años y todavía hoy se recurre a ella en algunas zonas rurales porque resulta ser muy económica.

Paralelamente a los estudios en Estados Unidos, Europa y Sudáfrica, en 1942, Eduardo de Robertis, un citólogo argentino, descubrió que la inyección de hormonas en sapos provocaba diversas reacciones. Su condiscípulo Carlos Galli Mainini, dedujo que si la mujer embarazada tenía HCG en su orina, su inyección en sapos causaría la maduración y expulsión de sus espermatozoides. Inyectó  entonces  la orina de mujeres embarazadas en el saco linfático dorsal de sapos machos comunes (Bufo Arenarium) y después de solo 2 o 3 horas  los espermatozoides aparecieron a la vista de un microscopio.

El método, llamado Reacción de Galli Mainini, fue popularmente conocido como “el test de embarazo la rana” –aunque en este caso eran sapos- y proporcionó un modo certero y económico de diagnóstico precoz del embarazo utilizado durante varias décadas.

Aunque se ha comprobado que puede haber HCG en la orina aun sin embarazo, esto es muy poco probable. De todos los métodos disponibles hoy, los basados en esta hormona son los que permiten la detección más temprana. Siguen siendo la fórmula de los rápidos y sencillos tests de embarazo actuales.

Como curiosidad, cuando la prueba quedó obsoleta, los centros de atención médica y laboratorios de los Estados Unidos liberaron a las pequeñas ranas de uñas por no utilizarlas más. Lamentablemente, muchas de ellas estaban infectadas con un hongo letal que se propagó entre sus congéneres, lo que acabó con muchas especies.

No obstante, es importante reconocer que los tests de embarazo que utilizamos en la actualidad no habrían podido desarrollarse sin la gran comprensión de los fenómenos biológicos y bioquímicos que han alcanzado las ciencias médicas. Todas aquellas investigaciones y métodos que, a los ojos del siglo XXI, pueden parecernos descabellados, como el test de embarazo de la rana es un ejemplo, entre muchos otros, que pone en evidencia un positivo avance en el ámbito de la reproducción humana.

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